Pirotecnia ¿cero?

Pirotecnia ¿cero?

29/12/2025 Tras los últimos festejos de noche buena, en los que pese a la ordenanza vigente (la 8.236 que prohíbe la venta al público minorista, la venta ambulante en la vía pública y en espacios no habilitados; el uso particular y privado de cualquier elemento pirotécnico o cohetería de estruendo con fines recreativos en el Distrito de Coronel Suárez) fue significativo el uso de la pirotecnia sonora en la ciudad, urge la necesidad de profundizar las campañas de información y concientización en torno a los efectos nocivos que este tipo de celebración, un ritual que involucra en muchos casos a adultos responsables, tiene para la población autista, personas con sensibilidad auditiva y animales.

Y es que los más de 100 decibeles (dB) que puede alcanzar la explosión de un petardo el 31 a la noche y en la bienvenida del 2026 no sólo configuran una potencial lesión en la vista o la audición (el oído humano resiste hasta 90 dB sin daños). Hay grupos vulnerables que sufren con los estruendos mientras otros festejan: bebes, adultos mayores, personas con discapacidad y mascotas.

 ¿Qué es lo que los niños con condición del espectro autista sienten con la pirotecnia?

 “El ruido de un petardo o cualquier pirotecnia es un sonido sumamente intenso y ellos lo perciben de manera muy vívida. Sienten como si estuvieran en el medio de un bombardeo en una guerra, como si cayeran bombas al lado de ellos. Y esto genera muchísimo estrés, muchísima liberación de los neurotransmisores propios del estrés y genera un gran nivel de alteración conductual y emocional. Y, por otro lado, al ser totalmente impredecibles, es algo frente a lo cual no se pueden preparar y lo viven con muchísima angustia, se desorganizan” explicó la médica psiquiatra Andrea Abadi (MN 76165), directora del Área de Neurodesarrollo y Condición del Espectro Autista del Centro Cites Ineco.

La profesional aclaró que la pirotecnia afecta especialmente a los niños con condición del espectro autista, que tienen una hipersensibilidad a los sonidos en general: “Esto tiene que ver con unas conexiones entre la amígdala y la corteza cerebral que están disfuncionadas y esto hace que, frente a mínimas cuestiones sonoras, estos niños las perciban y reaccionen”.

Aunque los argumentos tendientes a desalentar el consumo de pirotecnia se acumulen de un lado y del otro (profesionales, ONG, familias, gobiernos), cada año el objetivo de lograr una celebración basada en luces y no en estruendos, parece quedar un poco más lejos. Sobreviene, entonces, la extraña sensación de apelar a un último -y desesperado- recurso: alzar la voz para pedir a la sociedad que desista de usar artificios con fines recreativos. Lo que para un sector es adrenalina y emoción supone un contrasentido si se piensa en el artículo 1° de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, que busca promover, proteger y asegurar el goce pleno y en condiciones de igualdad de todos los derechos humanos y libertades fundamentales por todas las personas con discapacidad, y promover el respeto de su dignidad inherente.

Entonces… pirotecnia ¿cero? Es un interrogante cuya respuesta quedará, una vez más, sujeta a la voluntad ciudadana (ahora un poco más alertada) consciente de una necesidad real que tiene como ideal erradicar su uso en todo el territorio nacional. Una política pública prioritaria que tendrá que llegar y un gesto de humanidad que deberá perdurar…